miércoles 7 de octubre de 2009
Nota de los autores
A los que nos leen, agradecemos su comprensión.
Volveremos, eso es seguro.
Los peatones
viernes 31 de julio de 2009
helado de chocolate y winston rojo

La cosa es que a las cuatro de la tarde me senté a un lado de la puerta principal de Saga y me puse a pensar en la época en que Saga era Sears y el gerente se iba de vaca y cómo después el gerente se fue de vaca para siempre y Sears fue Saga. Me prendí un cigarro porque eran las cuatro y cinco y mi viejo no se veía venir. Tenía un billete de veinte dólares que me había dado en la mañana. Esa tarde, fumando un segundo cigarro en la puerta de Saga, me enteré de que Estados Unidos había tenido un presidente apellidado Jackson y seguí pensando en las épocas de Sears, cuando venía con mis papás a pagar la cuota de un refrigerador, una aspiradora, una cocina, no sé y me dejaba hipnotizar por la vitrina de helados que exhibía el helado de chocolate más marrón del mundo. Mi papá ya me había dicho tres veces que no tenía plata ante mi insistente petición, así que me senté a mirar a los niños con papás que no pagaban cuotas mensuales y podían afrontar el gasto de esos barquillos crujientes con un helado que avanzaba brazo abajo como la lava por las calles de Pompeya en la película que cada año repetían en la televisión. En algún momento me debo haber dado cuenta de que mi viejo me miraba mirar a los niños con helado, así que saqué a relucir mi gen teatrero y a sobreactuar mi antojo de chocolate buscando una reacción favorable. Resultó. Mi viejo pagó más de lo que el aparato costaba, por eso de los intereses, me tomó de la mano y me llevó a la vitrina a comprar un barquillo con dos bolas de un chocolate que hasta el día de hoy sigue escurriendo en mis recuerdos.
La corbata costó doce dólares, así que me compré siete cajetillas de Winston rojo con el vuelto. Caminé hasta la casa de Paula. Me encantaba su calle porque era tranquila. Su casa tenía en frente al ministerio de educación, una pared roja de ladrillo, lo que daba la sensación de vivir en un ghetto pequeño burgués en el que sólo había lugar para los dos. Caminábamos al parque y nos sentábamos a que yo la mirara y ella me preguntara por qué la miraba así y yo no encontrara las palabras para hacerle entender que había estado fumando en la puerta de Saga y que mi viejo me había comprado un helado de chocolate enorme que terminó estampado en la vereda, porque Saga ya no era Sears y cuando uno tiene dieciséis años se da cuenta de que la vida es, también, una mierda y que el único refugio que me salva son tus ojos, Paula…
Ella esperó hasta llegar de regreso a la puerta de su casa para decirme que creía que lo mejor era que volvamos a ser amigos.
- ¿Por qué?
- Es mejor.
Así que la dejé en la puerta de su casa y no volteé cuando me pidió perdón. La bolsa con la corbata que traía en la mano me hacía sentir un reverendo huevón.
Al día siguiente sólo me levanté para ir a la fiesta. Me robé una botella de Chivas Regal que mi padre escondía detrás de los frascos de menestras y me mal hice el nudo recordando los años del colegio en Chile, con uniforme de saco y corbata.
La botella fue un éxito pero se acabó rápido. En fin, a mí en ese entonces no me gustaba el whisky. Me cagué de risa un rato en la mesa y después me estuve besando en la biblioteca con una chica que era linda. Sin embargo me delaté como un idiota cuando oímos que alguien entraba y yo huí por la puerta de atrás.
Llegué a casa a las siete de la mañana, más vacío de lo que me había ido la noche anterior y estuve dando vueltas en la cama, durmiendo a intervalos hasta las once. Llamé a Tano pero no lo encontré.
Sentía que no había nada que me pudiese hacer sentir mejor. Todavía me quedaba una cajetilla de Winston, así que me fui con ella al malecón.
Pensé en mi tarde en la puerta de Sears y sentí la boca pastosa. Pensé en Paula y me dieron ganas de llorar. Y pensé cómo la gente te encanta y te defrauda, respondiendo a una suerte de círculo vicioso del que es imposible desentenderse.
Pasó un heladero y me compré un Buen Humor de un sol.
El sabor a chocolate no se comparaba con el de la vitrina de Sears y duró muy poco. Dejé el palito de madera a un lado y me prendí otro Winston. Apenas se veía Chorrillos. Tano saltó la barda y se sentó a mi lado.
Across the Universe - Jim Sturgess
viernes 24 de julio de 2009
buenas noches... y muchas gracias
Hasta hace unos días pensaba que este era un momento importante… es decir, se acaba el colegio y ya no tendré que padecer más esos horribles domingos por la tarde pensando en tener que sobrevivir a siete días de quebrados, adverbios, batallas, valencias, hipotenusas y al perfume de la chica que jamás me dio pelota… Ahora pienso que es sólo un ritual de paso… ¿A dónde? Ésa es la cuestión… En verdad, lo que toca es un salto al vacío… ¿Podemos estar seguros de algo realmente? ¿la vida es ese cuento ideal que vemos en los comerciales? ¿nos crecerá la barba como a Harrison Ford? ¿tendremos los millones de Michael Douglas en Wall Street? ¿nos ligará algo con una rubia como Kim Basinger? ¿seremos como Bill Cosby, un papá ideal?... Probablemente sea mi espíritu aguafiestas y renegón, probablemente no valga la pena hacerse preguntas sino dejar que las preguntas nos encuentren a nosotros… pero de alguna manera, irse de la escuela será como salir del nido confortable donde las cosas son seguras y cercanas, donde todo tiene un lugar, una forma y una suerte… va a ser una linda aventura, pero sin súper héroes; una batalla de esas fenomenales, pero sin naves espaciales; una seguidilla de risas y llanto, pero sin televisión… vamos a tener, finalmente, la vida en nuestras manos... Ok, ¿y ahora que hacemos con ella?
Ahora pienso que nos faltó un curso, uno que nos enseñara qué hacer con nosotros mismos. ¿Por qué en vez de hacer calistenia en el patio no nos mandaron a la calle a enfrentar una cola de empleo, una frustración, una huelga, una oportunidad, una pérdida, un desconsuelo? ¿Con qué fórmula calculamos las consecuencias de nuestros actos, a qué héroe hay que rezarle para obtener la seguridad que nos falta para poner el pecho a los problemas, en qué punto del globo uno puede refugiarse cuando asaltan las envidias y los celos y las balas? ¿Qué poción química hay que tomar para no perder la lucidez? ¿con qué adjetivos se obtiene el perdón?...
El otro día conversaba de estas cosas con otro de nuestros maestros, uno que no está aquí esta noche, uno que tal vez a esta hora esté oliendo a maní tostado y melcocha… me refiero a Cotito, el hombrecito responsable de muchas de nuestras caries, con el saco viejo siempre salpicado de azúcar… Cotito me dijo: la única certeza que tenemos es que no hay certezas… Me sentí devastado, pero él lo dijo así, de lo más natural, que me puse a pensar que no podía ser tan malo… Entonces comprendí que lo mejor que podemos hacer es arroparnos de nosotros mismos y cruzar la calle, porque si nosotros no confiamos en nosotros mismos, ¿quién más va a hacerlo?
Decisiones. Seguro tomaremos algunas que nos cuesten más que otras. Decidiremos odiar, decidiremos enamorarnos, decidiremos no ser ingenieros y apostar por ser artistas, resignaremos nuestros sueños inciertos por la seguridad de un sueldo a fin de mes, sacrificaremos nuestro tiempo particular para compartirlo con otros, compraremos una camisa blanca en lugar de otra azul, optaremos por no llamar a ese amigo porque nos da flojera o porque pensamos “¡Qué lata! Seguro seguirá con el mismo rollo”; decidiremos ser honestos o mezquinos, patear al arco o tirar un centro para evadir la responsabilidad, decidiremos hacernos grandes o permanecer en las medianías… más allá de cómo acaben las cosas, lo importante será hacerlas con convicción, dejándonos la piel, dando pelea. Porque como dijo Cotito, no hay certezas.
Ignoro de qué se trata esto de vivir. Ignoro si algún día lo sabremos, ignoro si lo saben nuestros padres y los maestros y los señores que escribieron los libros que leímos… Pero mejor así, ¿no? Digo, si vamos a equivocarnos que sea por cuenta propia… Ignoro qué voy a estudiar, no sé si me gustará lo que finalmente elija. Probablemente apenas ronde la felicidad, a lo mejor caigo de bruces en la dicha absoluta, tal vez me lleven los extraterrestres, ¿sabré besar como ella espera que la bese?, cómo saber si el espejo reflejará por las noches al que realmente soy o si es el que quise ser, el que pude ser, el que no soy o el que no seré más… En todo caso, sí sé por qué voy a pelear.
Voy a pelear por no perder la sana costumbre de imaginar el mundo al revés y que la luna es de queso y que si Superman vuela, yo también. Quiero seguir sintiéndome poderoso tapando el sol con un dedo, echado en la hierba, con los pies descalzos… quiero dejarme atrapar por la Mujer Maravilla, quiero conservar el rayo hacedor de tornados que se lleva los malos ratos, el impulsor en las zapatillas para irnos lejos, el chepi, para tomar aire, el ampay me salvo y a todos mis compañeros, para celebrar volver a verlos… quiero conservar todos los juegos que inventamos para obrar milagros y hacer que lluevan buenos presagios… voy a conservar el júbilo que provoca descubrir, por ejemplo, que el número de su casa es una combinación de nuestros números de la suerte...
Ignoro qué cosa pasará allá afuera, pero en medio de este mundo loco estarán también ustedes y me sentiré hermano y cómplice y prójimo, acompañado de los mejores en la misma trinchera… Sospecho que la vida es un albur donde todos persiguen la felicidad, pero no hay que tomárselo muy en serio para no volverse loco. Tal vez la felicidad está en medio de la incertidumbre, a la larga tropezaremos con ella. No es un juego fácil, pero hay que jugar... De modo que lo mejor es asumir cada día como un comienzo y no olvidar los viejos sortilegios, la invención cotidiana; hay que besar a todos los sapos y hay que rescatar a todas las princesas.
No hay certezas ni brújula ni dioses, pero una vida no vivida no vale la pena ser contada. Trataremos de ser honestos, valientes y felices. Y si al final de los tiempos el barquero que nos lleva al más allá pide que le contemos una historia y él se emociona, sintámonos tranquilos, porque lo más probable es que hayamos vivido una buena vida. Así que de eso se trata. Tengamos una buena vida. Y escribamos las mejores historias.
Muchas gracias…



